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Cuando ejecutar deja de ser una ventaja competitiva

La IA está convirtiendo la ejecución en un commodity. En la próxima década, el verdadero diferencial competitivo será la capacidad de tomar mejores decisiones.

Melody Foletti
Melody Foletti Autora y consultora estratégica
26 de julio, 2026
4 min de lectura
Cuando ejecutar deja de ser una ventaja competitiva

La ejecución deja de ser escasa

Las ventajas competitivas rara vez desaparecen de un día para otro. Generalmente dejan de ser escasas. Cuando eso ocurre, el mercado deja de recompensarlas de la misma manera.

La historia económica ofrece múltiples ejemplos. La Revolución Industrial redujo el costo de producir bienes. Internet redujo el costo de distribuir información. La computación en la nube democratizó el acceso a infraestructura tecnológica. Hoy, la inteligencia artificial está provocando una transformación similar: está reduciendo el costo de ejecutar una parte creciente del trabajo cognitivo.

Durante décadas, las organizaciones construyeron ventajas alrededor de la ejecución. Contratar especialistas, documentar conocimiento y perfeccionar procesos permitía producir más rápido, con mayor calidad y menor costo que la competencia. Esa capacidad justificaba inversiones millonarias porque era difícil de replicar.

La inteligencia artificial está alterando esa lógica. No porque sustituya el pensamiento humano, sino porque reduce el tiempo y el costo necesarios para ejecutar tareas que antes requerían una alta especialización. Elaborar un informe, analizar grandes volúmenes de información, desarrollar código, sintetizar investigaciones o preparar un primer diagnóstico estratégico puede hacerse hoy en minutos con herramientas disponibles para prácticamente cualquier organización.

La ventaja ya no está en tener IA

McKinsey & Company estima que la inteligencia artificial generativa podría generar entre 2.6 y 4.4 billones de dólares anuales en valor económico, principalmente por el incremento de productividad en actividades intensivas en conocimiento. Sin embargo, el mayor impacto no provendrá únicamente de adoptar nuevas herramientas, sino de rediseñar la forma en que las organizaciones crean valor.

El AI Index Report de la Universidad de Stanford muestra que la inversión privada en inteligencia artificial continúa creciendo y que su adopción empresarial se ha expandido en prácticamente todos los sectores económicos. Conforme el acceso a estas tecnologías se vuelve más amplio, la ventaja deja de estar en quién tiene inteligencia artificial y comienza a desplazarse hacia quién sabe utilizarla mejor.

Cuando una capacidad deja de ser escasa, comienza a perder valor económico como elemento diferenciador. En términos económicos, la ejecución empieza a comportarse como un commodity: un recurso cada vez más accesible, estandarizado y fácil de replicar.

Eso no significa que ejecutar deje de ser importante. Significa que dejará de ser suficiente.

El criterio como nuevo diferencial

Dos empresas pueden utilizar exactamente el mismo modelo de inteligencia artificial, acceder a información similar e incluso automatizar procesos comparables. Difícilmente obtendrán los mismos resultados.

La diferencia ya no estará en la herramienta. Estará en el criterio. En la calidad de las preguntas que formulen. En la capacidad para identificar qué problema merece resolverse. En la habilidad para interpretar información dentro de un contexto específico. Y, sobre todo, en la experiencia para reconocer cuándo una respuesta técnicamente correcta puede conducir a una decisión estratégicamente equivocada.

Empresas como Shopify ya han comenzado a replantear esta realidad. Su dirección ha dejado claro que la inteligencia artificial dejó de ser una herramienta opcional para convertirse en una expectativa dentro de la organización. Sin embargo, el verdadero cambio no consiste únicamente en utilizar IA para trabajar más rápido, sino en rediseñar procesos, redefinir responsabilidades y elevar la calidad de las decisiones que toman las personas.

Las capacidades difíciles de replicar

El debate público suele concentrarse en qué tareas serán automatizadas. La pregunta estratégica es otra: ¿qué capacidades seguirán siendo difíciles de replicar cuando la ejecución deje de ser un factor de diferenciación?

El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial identifica el pensamiento analítico, la resolución de problemas complejos, el liderazgo y la creatividad entre las habilidades con mayor crecimiento esperado durante los próximos años. La razón es sencilla: conforme la ejecución se vuelve más accesible gracias a la inteligencia artificial, aumenta el valor de quienes son capaces de tomar mejores decisiones.

Este cambio obliga a replantear la forma en que las empresas desarrollan talento. Durante años, muchas organizaciones premiaron principalmente la capacidad de ejecutar con precisión. En la próxima década deberán desarrollar algo mucho más difícil de escalar: el criterio organizacional.

Formular una buena pregunta exige comprender el contexto. Decidir implica asumir riesgos, desafiar supuestos y actuar incluso cuando la información es incompleta. La inteligencia artificial puede acelerar la ejecución. No puede asumir la responsabilidad de decidir.

Por qué importa para México

Para economías como la mexicana, esta transformación representa una oportunidad estratégica. Conforme las herramientas de inteligencia artificial se vuelvan accesibles para empresas de todos los tamaños, la ventaja competitiva dependerá cada vez menos del acceso a la tecnología y cada vez más de la capacidad para utilizarla estratégicamente.

Eso implica invertir en talento, fortalecer el pensamiento crítico y construir organizaciones capaces de aprender más rápido que sus competidores.

Lectura ADMAIORA

La IA democratiza la ejecución; el liderazgo seguirá diferenciándose por el criterio. En la economía B2AI, las organizaciones que formulen mejores preguntas, interpreten mejor el contexto y conviertan información en decisiones de mayor calidad capturarán más valor que aquellas que solo automaticen tareas.

El verdadero reto no es adoptar la tecnología. Es rediseñar la organización para que la tecnología eleve la calidad del juicio humano.

Qué observar ahora

El valor cambia de lugar

La historia demuestra que las grandes revoluciones tecnológicas no eliminan la competencia. Lo que hacen es cambiar las reglas bajo las cuales se compite.

La inteligencia artificial no está eliminando la necesidad del talento humano. Está desplazando el valor económico hacia aquello que permanece escaso.

Por eso, el desafío para las organizaciones ya no será únicamente ejecutar más rápido. Será desarrollar un criterio que resulte mucho más difícil de imitar que cualquier algoritmo.

Porque la inteligencia artificial está convirtiendo la ejecución en un commodity. Como ha ocurrido en todas las grandes transformaciones económicas, el valor no desaparece: simplemente cambia de lugar.

Y en la próxima economía, ese valor pertenecerá a quienes desarrollen un criterio que ningún algoritmo pueda replicar.

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