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México y el mito de Tántalo: ¿por qué seguimos sin convertir nuestro potencial en liderazgo económico?

Durante décadas hemos escuchado que México está a punto de convertirse en una potencia económica. Sin embargo, el crecimiento prometido parece alejarse constantemente. ¿Qué nos impide dar el siguiente paso?

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Pablo Andrés Ruz SalmonesCEO · X eleva Group
27 de junio, 2026
1 min de lectura
México y el mito de Tántalo: ¿por qué seguimos sin convertir nuestro potencial en liderazgo económico?

Durante décadas, México ha vivido una promesa recurrente: "en diez años seremos una potencia económica". Sin embargo, esa meta parece alejarse cada vez que creemos estar cerca.

Recuerda al mito griego de Tántalo, en el que, tras haber sido condenado al inframundo, Tántalo sufre el tormento eterno: permanece rodeado de comida y agua que se alejan cada vez que intenta consumirlas.

Así, México siempre ha estado rodeado de riquezas.

Tenemos una gran cantidad de recursos humanos, de recursos naturales, y de privilegios geográficos. Y sin embargo, cada que queremos alcanzar la grandeza como nación, esta grandeza parece escaparse de nuestras manos. Sin importar cuántos planes económicos se hayan hecho, sin importar las diversas políticas públicas planteadas, México simplemente no crece al ritmo que debería estar creciendo.

Los dos grandes retos

Los retos, también, siempre han sido los mismos: educación y crecimiento.

En cuanto a educación, hay fenómenos que de forma muy puntual muestran la enorme necesidad de tener un nuevo enfoque educativo. Por ejemplo, llevamos 30 años con un tratado de libre comercio con la economía más grande del mundo y, de acuerdo con McKinsey, únicamente el 12% de la población en México es capaz de comunicarse eficazmente en inglés.

¿Cómo podemos esperar que la mayoría de la población se beneficie de un tratado como el T-MEC (ahora en revisión) cuando la herramienta principal de comunicación - el lenguaje - no está adecuadamente desarrollada?

Este es uno de los muchos casos que se podrían nombrar dentro del sector educativo.

El otro, y por supuesto relacionado, es la falta de innovación presente en el país.

De acuerdo al World Intellectual Property Organization, México ocupa el lugar 58 de 139 en el Índice Mundial de Innovación.

¿Cómo podemos esperar ser líderes en el futuro económico y tecnológico del mundo cuando en décadas hemos sido incapaces de posicionarnos como uno de los países más innovadores del mundo?

PyME por siempre

Resulta evidente que, cuando un país desea convertirse en referente económico, requiere realizar inversiones en aquellos sectores que prometen un mayor crecimiento. Por país me refiero no únicamente al sector gobierno, sino también al sector empresarial; es decir, es una responsabilidad conjunta.

De hecho, en este caso, me parece que México ha pecado, junto con toda Latinoamérica, de no querer salir de la región; esto es, muchas de las empresas que nacen en Latinoamérica, se quedan en Latinoamérica, sin miras a convertirse en líderes globales.

En México hay dinero, pero nunca hemos tenido un plan - tanto empresarial como en gobierno - que permita que ese dinero sea invertido en los sectores que más beneficios podrían traer a nuestro país y a nuestra sociedad. El plan requiere ser conjunto, y necesita, forzosamente, incluir a los emprendimientos y a las PyMEs. La única manera de lograr que el país crezca es haciendo que crezcan sus empresas.

El mayor problema de una PyME es seguir siendo PyME por siempre.

La Inteligencia Artificial nos presenta, una vez más, una oportunidad para salir de este atolladero.

Pero únicamente lo vamos a lograr si como país (gobierno, sociedad, empresarios, academia y más) nos comprometemos en destinar los recursos adecuados para su desarrollo y para que, a diferencia de lo que ha pasado con otras tecnologías, impulsemos el que sean varias las PyMEs y emprendimientos los que puedan liderar esta transformación y que, en ese trayecto, se conviertan en grandes empresas, no únicamente en México y Latinoamérica, sino en el mundo.

Es hora de librarnos del tormento eterno.

No dejemos que, una vez más, México personifique tan prístinamente como hasta ahora, el mito de Tántalo.

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