¿Qué tan sustentable es lo sustentable? La etiqueta no basta.
Autos eléctricos, empaques biodegradables y paneles solares pueden reducir impactos ambientales. Pero ninguna tecnología es sustentable solamente porque lo diga su etiqueta. La pregunta correcta exige mirar el ciclo completo: de dónde viene, cómo se usa, qué desplaza y qué ocurre cuando deja de servir.
Por José González Martínez
¿Cuántas veces hemos pagado un poco más porque un producto decía “eco”, “verde” o “biodegradable”?
La palabra tranquiliza.
El problema es que una etiqueta no cuenta toda la historia.
Prácticamente cualquier producto genera impactos antes de llegar a nuestras manos y después de salir de ellas: extracción de materias primas, energía, agua, transporte, fabricación, uso y residuos.
Por eso la sustentabilidad no debería medirse por una palabra.
Debería medirse por el sistema completo.
Y tres ejemplos cotidianos lo demuestran.
El auto eléctrico sí es mejor. Pero no es impacto cero.
Empecemos aclarando algo importante.
Un automóvil eléctrico genera, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero durante su ciclo de vida, un impacto menor que uno comparable de gasolina.
El International Council on Clean Transportation estimó reducciones de entre 19% y 69% para vehículos vendidos en Europa, Estados Unidos, China e India, dependiendo principalmente de la matriz eléctrica de cada mercado. theicct.org
Esa ventaja es real.
Pero la batería no aparece por arte de magia.
Necesita litio, níquel, grafito y, dependiendo de su química, otros minerales como cobalto. La Agencia Internacional de Energía advierte que el crecimiento de la minería de minerales críticos implica retos alrededor del agua, biodiversidad, emisiones, derechos humanos y comunidades. IEA
La conclusión no es que debamos abandonar los eléctricos.
Es que debemos mejorar también su cadena de suministro, la electricidad que los alimenta y el reciclaje de sus baterías.
La transición no termina cuando cambiamos de motor.
Cambiar plástico por papel tampoco resuelve todo
Otro ejemplo está frente a nosotros cada vez que pedimos comida o café.
Solemos asumir:
papel = bueno; plástico = malo.
El ciclo de vida es bastante más complejo.
Un estudio de la Agencia Ambiental del Reino Unido concluyó que una bolsa de papel tendría que reutilizarse al menos tres veces para reducir su impacto climático por debajo del de una bolsa ligera de plástico utilizada una sola vez. Comités del Parlamento del Reino Unido
No significa que debamos regresar al plástico desechable.
Significa que sustituir materiales sin cambiar el modelo de usar y tirar puede simplemente desplazar el impacto.
Algo similar sucede con la palabra biodegradable.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que adoptar masivamente plásticos etiquetados como biodegradables no resolvería por sí solo la contaminación marina. Algunos materiales necesitan instalaciones industriales y temperaturas superiores a 50 °C para degradarse correctamente. UNEP - UN Environment Programme
Si esa infraestructura no existe donde desechamos el producto, la promesa de la etiqueta pierde buena parte de su significado.
Un material no es circular porque pueda reciclarse o compostarse. Tiene que existir un sistema que realmente lo haga.
Incluso la energía solar tiene un final
Los paneles solares ofrecen quizá el ejemplo más interesante.
Son una herramienta fundamental para descarbonizar la electricidad.
La Agencia Internacional de Energía calcula que un panel necesita operar solamente entre cuatro y ocho meses para compensar las emisiones asociadas con su fabricación, frente a una vida útil habitual de 25 a 30 años. IEA
La ecuación climática es claramente favorable.
Pero todavía existe un reto industrial.
La fabricación mundial sigue estando altamente concentrada y requiere grandes cantidades de electricidad. En el análisis de la IEA sobre la cadena solar, China concentraba más de 80% de varias etapas de manufactura y una parte importante de esa producción utilizaba electricidad proveniente del carbón. IEA
Y después llega el final de la vida útil.
IRENA proyectó que los residuos fotovoltaicos podrían alcanzar alrededor de 78 millones de toneladas acumuladas hacia 2050, aunque también señaló que recuperar esos materiales puede convertirse en una importante oportunidad económica y de economía circular. IRENA
Otra vez:
La respuesta no es dejar de instalar paneles.
Es pensar en su final antes de instalar millones más.
La pregunta correcta cambia la conversación
Los tres casos tienen algo en común.
La tecnología puede ser mejor que aquello que sustituye y, al mismo tiempo, conservar impactos que necesitamos reducir.
Por eso, antes de aceptar cualquier promesa ambiental, propongo hacer cuatro preguntas:
¿Comparado con qué? Una alternativa solamente es “mejor” frente a otra.
¿Durante qué ciclo de vida? No basta medir lo que ocurre durante el uso.
¿Existe infraestructura para cerrar el ciclo? Reciclable no significa reciclado.
¿Quién absorbe el costo que no aparece en el precio? Una comunidad, un ecosistema o una generación futura también forman parte de la ecuación.
Ahí empieza una conversación seria sobre sustentabilidad.
Lectura ADMAIORA
Para las empresas, esta discusión ya no pertenece solamente al área de responsabilidad social.
Es estrategia.
Clientes, inversionistas, reguladores y cadenas globales están pidiendo cada vez más evidencia detrás de las afirmaciones ambientales.
Decir “eco” será cada vez menos suficiente.
Las organizaciones tendrán que entender materiales, proveedores, energía, trazabilidad, residuos y ciclo de vida.
Y eso cambia el KPI.
La empresa sustentable no es necesariamente la que anuncia que eliminó un material o compró una nueva tecnología.
Es aquella que puede demostrar con datos que redujo su impacto total sin simplemente trasladarlo hacia otro lugar.
Lo verde existe.
Lo sustentable también.
Pero ninguno de los dos debería ser un acto de fe.
La próxima vez que algo presuma ser sustentable, no preguntemos solamente qué hace.
Preguntemos:
¿de dónde viene, qué reemplaza y a dónde va después?
Porque lo verdaderamente sustentable no es lo que parece verde.
Es lo que resiste la historia completa.
